(…)

    La imposibilidad de escenificar la ilusión, es del mismo tipo que la imposibilidad de rescatar un nivel absoluto de realidad. La ilusión ya no es posible porque la realidad tampoco lo es. Éste es el planteamiento del problema político de la parodia, de la hipersimulación o simulación ofensiva. Toda negatividad política directa, toda estrategia de relación de fuerzas y de oposición, no es más que simulación defensiva y regresiva. (…) La transgresión, la violencia, son menos graves, pues no cuestionan más que el reparto de lo real. La simulación es infinitamente más poderosa ya que permite siempre suponer, más allá de su objeto, que el orden y la ley mismos podrían muy bien no ser otra cosa que simulación (recordar el engaño de Urbino).

    Dentro de esta imposibilidad de aislar el proceso de simulación hay que constatar el peso de un orden que no puede ver ni concebir más que lo real, pues sólo en el seno de lo real puede funcionar. Un delito simulado, si ello puede probarse, será o castigado ligeramente (puesto que no ha tenido consecuencias), o castigado como ofensa al ministerio público (por ejemplo, si se ha hecho actuar a la policía «para nada»), pero nunca será castigado como simulación pues, en tanto que tal, no es posible equivalencia alguna con lo real y, por tanto, tampoco es posible ninguna represión. El desafío de la simulación es inaceptable para el poder, ello se ve aún más claramente al considerar la simulación de virtud: no se castiga y, sin embargo, en tanto que simulación es tan grave como fingir un delito. La parodia, al hacer equivalentes sumisión y transgresión, comete el peor de los crímenes, pues anula la diferencia en que la ley se basa. El orden establecido nada puede en contra de esto, está desarmado ya que la ley es un simulacro de segundo orden mientras que la simulación pertenece al tercer orden, más allá de lo verdadero y de lo falso, más allá de las equivalencias, más allá de las distinciones racionales sobre las que se basa el funcionamiento de todo orden social y de todo poder. Es pues ahí, en la ausencia de lo real, donde hay que enfocar el orden, no en otra parte.

    Por eso el orden escoge siempre lo real. En la duda, prefiere siempre la hipótesis de lo real (en el ejército se prefiere tomar al que finge por verdadero…

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    Queridos jóvenes, que frecuentan el presente blog. Permítanme introducirlos en esta nueva sección, donde juntos inspeccionamos los pormenores que dan forma a ese fenómeno político tan popular y arraigado en nuestras sociedades: el gorila.

    Comencemos prestándole atención a este maravilloso ejemplar, traido desde la prestigiosa cadena de noticias CNN en español. Se trata de Rafael Romo, que nos dice lo siguiente:

    Fíjense los logros de este hombre. Los primeros 30 segundos son apenas una introducción, incluida la animación del programa, donde el periodista nos indica que arqueólogos de una organización prestigiosa encontraron un (segundo) entierro de de restos infantiles en un templo. Pero en los siguientes 30 segundos nos deslumbra con las siguientes afirmaciones:

  • Las tribus originarias eran brutales.
  • Los revolucionarios mexicanos eran unos mentirosos e/o ignorantes.
  • La educación pública es deficiente.
  • Es falso que los pueblos originarios mexicanos pudieran ser gente sofisticada, “iluminada” (sea eso lo que sea), o siquiera apacible.
  • Gracias a este informe, ahora podemos saber la verdad. Antes, evidentemente, habríamos estado convencidos de falsedades. Y la verdad es que “las tribus originarias eran tan crueles como los conquistadores”.
  • Propone una tesis para reflexionar: la violencia en México se debe a la herencia de violencia de las tribus originarias. Lo cuál, siguiendo la propia lógica de la propuesta, habría de resolverse simplemente descartando cualquier vínculo con aquella gente violenta y cruel.

    Ese pequeño video, que me crucé por casualidad en mi trabajo, es un ejemplo magistral de gorila profesional: una persona que jamás podrá relacionar elementos básicos de una sociedad contemporánea, tales como violencia con desigualdad, o bien cultura con contexto. Independientemente de qué se esté hablando (restos de niños en un templo centenario), siempre la prioridad será reflexionar acerca de cómo las izquierdas promueven ignoracia, brutalidad, y todas las desvirtudes habidas y por haber; y cómo, por supuesto, la derecha es fundamentalmente la verdad revelada e incuestionable.

    Por supuesto, cuando alguien le recrimine al señor periodista que existe todo un conglomerado empresarial multinacional que le paga para decir esa clase de estupideces, él dirá que las ideas de izquierda del crítico de turno lo llevan a atentar, tal vez inconscientemente (porque la derecha sí es gente gente sofisticada y apacible, y entonces tiene el tacto para reconocer la inocencia en los demás), contra la libertad de expresión.

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    Memoria, verdad, y justicia.

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    Hace semanas o meses quiero retomar la costumbre del posteo, muy a mi pesar sin éxito. Concretamente, me hubiera gustado escribir algo a colación de que pasó un año desde que escribí mi primer libro, Feels Theory. Aquello lo escribí a las corridas durante mis vacaciones en Febrero del 2018, y mi plan era escribir algo al respecto durante los 15 días de vacaciones que tuve durante Marzo del 2019. En ese plan, fracasé miserablemente.

     Pero no fue un fracaso vacío, sino que simplemente estuve haciendo un montón de otras cosas que no eran precisamente escribir. Entre ellas, aproveché mis vacaciones para hacer cosas como dormir, visitar a mi familia, o pasar tiempo con mi esposa. Y sucede que la cantidad de ideas y proyectos que manejo en mi cabeza es francamente imposible de realizar en la práctica. Lo cuál me lleva a esta otra pregunta, que simplemente dejo anotada: ¿cómo se puede reconciliar esa inconmensurabilidad con la finitud del tiempo y la energía propia?

    Probablemente sea uno de tantos temas a explorar. Pero lo anoto, en parte para saciar un poco mis ansias de volver a postear algo, lo que sea, pero también para reconocerme en mi humilde realidad, sin buscar exigencias innecesarias que conviertan mis ímpetus y fantasías en un motor de ansiedades, insatisfacciones, y angustias. Digo esto porque, además, queriendo retomar temas (hoy sábado que de repente tengo un par de horas libres) encontré borradores de posts nunca escritos que me parecen super interesantes y datan del 2017 y 2018. Son varias ideas que había olvidado y que dejé muy bien anotadas para poder plantear nuevos escritos. Y con eso en mente, recién me daba cuenta que escribí mi libro ANTES de comenzar la cursada en la facultad, lo cuál ocupó todo mi 2018. Sin tener en cuenta la cantidad de variables sociales y económicas que atraviezan mi día a día, ya las personales son suficientes para necesitar un respiro, y en un contexto como ese es francamente deshonesto exigirme todavía más.

    La verdad es que venía preocupado, y hasta por momentos angustiado, frente al lento o nulo progreso de mis proyectos personales (siendo los escritos de este blog apenas uno de ellos). Y me hizo bien darme cuenta que si estaban frenados era simplemente por la vida misma que se da de esa manera. En pocos días comienza el último cuatrimestre de…

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    (…)

    It is one thing to explain the causal origins of thinking, as science commendably does; it is an entirely different thing to conflate thinking in its formal or rule-governed dimension with its evolutionary genesis. Being conditioned is not the same as being constituted. Such a conflation not only sophistically elides the distinction between the substantive and the formal, it also falls victim to a dogmatic metaphysics that is impulsively blind to its own epistemological and methodological bases qua origins.

    It is this genetic fallacy that sanctions the demotion of general intelli­gence as qualitatively distinct to a mere quantitative account of intelligent behaviours prevalent in nature. It should not come as any surprise that this is exactly the jaded gesture of antihumanism upon whose shoddy pillars today’s discourse of posthumanism supports its case. Talk of thinking forests, rocks, worn shoes, and ethereal beings goes hand in hand with the cult of technological singularity, musings on Skynet or the Market as speculative posthuman intelligence, and computers endowed with intellectual intuition. And again, by now it should have become obvious that, despite the seeming antagonism between these two camps – one promoting the so-called egalitarianism of going beyond human conditions by dispensing with the rational resources of critique, the other advancing the speculative aspects of posthuman supremacy on the grounds of the technological overcoming of the human condition – they both in fact belong to the arsenal of today’s neoliberal capitalism in its full-on assault on any account of intelligence that may remotely insinuate an ambition for collective rationality and imagination.

    (…)

    The opposition between the possibility of a thinking machine and the actuality of the human agent should be exposed as a false dichotomy that can only be precariously maintained within the bounds of an essentialist interpretation of the mind as necessarily attached to a particular local or contingent transcendental structure. To put it more tersely, the source of this false dichotomy lies precisely in mistaking the local and contingent aspects of experience for universal and necessary acts of cognition, the particular conditions of the former for the general conditions of the latter. To reject and break away from this false dichotomy in all its manifestations, it is necessary to fully distinguish and unbind reason (the labour of conception) from subjectivist experience. This is not to dispense with the significance of experience in favour of a contentless abstract account of reason. It is rather…

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    Un amigo me dijo una vez hace años unas palabras que desde entonces hice mías: no existen los estados de pureza. Con esa idea en mente, dejo esta otra nota que descubrí hoy mismo:

    (…)

    10. Sin embargo, las críticas cerradas al purismo encarnado en Bertoni no llevan a Gramsci a sostener una posición espontaneísta en torno a las relaciones entre lengua nacional y dialectos. Se trata, en Gramsci, de una concepción de lengua que se aleja, también, de cualquier forma de relativismo, que anula las diferencias y las tensiones políticas entre las variedades dialectales y la lengua nacional.

    Toda lengua es una lengua impura, atravesada por tensiones entre fuerzas centrípetas y fuerzas centrífugas, entre instancias de unificación e instancias de dispersión. Es, también, un territorio complejo, habitado por diferentes temporalidades, que conserva huellas de un pasado lingüístico, muchas veces reprimido, que manifiesta marcas diferenciales desde lo regional, lo etario o lo social y que se encuentra expuesta a la influencia de otros complejos lingüísticos nacionales o internacionales, regionales o cosmopolitas. La heterogeneidad de la lengua es un modo de la heterogeneidad de lo social, que Gramsci expresa con claridad en su concepto teórico de “momento”, como un todo en el que están presentes las huellas del pasado, remanentes, y están en germen desarrollos futuros imprevisibles, no teleológicos.

    La poesía no genera, por sí sola, poesía; las superestructuras no generan superestructura: en las lenguas nada se produce por partogénesis, sino que todo es producto de relaciones y de conflictos. En consecuencia, lo que se produce históricamente no es la lengua como entidad aislada y analizable con instrumentos asépticos, sino una “situación” en la que se manifiesta la contaminación y el conflicto de las lenguas. El problema de la lengua no se distingue, por ello, del problema de la hegemonía, entendida como una fuerza que opera sobre un plano de diferencias y que tiende, en principio, hacia formas contingentes de unificación, que nunca son plenas, que dejan siempre un resto irreductible a lo hegemónico.

    (…)

    De “Un argángel devastador: Gramsci, las lenguas, la hegemonía”, la introducción a Escritos sobre el lenguaje, escrito por Diego Bentivegna.

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    Why are people hungry in North Carolina?

    (…)
    One in eight individuals in the state were food insecure last year — food insecurity is defined as not having reliable access to your next meal. According to the North Carolina Department of Housing and Human Services, 56 percent of public-school children are eligible for free or reduced lunch, and one in five children face hunger on a daily basis.
    (…)

    London house of McCartney robbed

    (…)
    The police so far have no suspects or detainees. Militiamen only reported that they managed to find traces of a break-in.

    It is noted that in general the house of the musician costs about 12.6 million dollars. Previously, such incidents have already happened.

    Why life expectancy in America is down again

    (…)
    These patterns suggest that while changing social and economic conditions may be one contributing factor in alcohol abuse, drug addiction and suicide, other factors are at work.

    Christopher Ruhm, an economist at the University of Virginia reckons that, over the long term, economic conditions alone explain less than 10% of the increase in drug-mortality rates. He points to the importance of public health efforts to control the opioid epidemic.
    (…)

    17-year-old Walmart employee quits over store intercom: ‘Nobody should work here, ever’

    (…)
    The teen also claims that Walmart managers attempt to cut costs by reducing full-time associates to part-time workers, something that the behemoth retailer has been accused of in the past. “I’m sick of all the b——-, bogus write-ups and my job,” Racicot concluded. “F— management, f— this job and f—- Walmart.”
    (…)

    Truckers Spend the Holidays Driving Too Much for Too Little Pay

    (…)
    “You might work a 14-hour day and you only drove 150-200 miles. If you only get paid for the miles, you don’t make anything,” said Wood. “The money is so unpredictable. You could get $400 one week and $65 the next week. You just don’t know.”
    (…)

    Britain’s Homeless Crisis

    Under the suffocating shadow of economic austerity, homelessness in Britain is increasing, poverty and inequality deepening. Since the Conservative party came to power via a coalition government in 2010, then as a minority government in 2015, homelessness has risen exponentially.
    (…)

    Borrowing From Big Tobacco’s Playbook, Johnson & Johnson Knew About Asbestos in Baby Powder for Decades: Reuters

    A Reuters investigation published Friday charges that Johnson…

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    (…)

    The authors first of all say that an autopoietic system is a homeostat. We already know what that is: a device for holding a critical systemic variable within physiological limits. They go on the definitive point: in the case of autopoietic homeostasis, the critical variable is the system’s own organization. It does not matter, it seems, wether every measurable property of that organizational structure changes utterly in the system’s process of continuing adaptation. It survives.

    This is a very exciting idea to me for two reasons. In the first place, it solves the problem of identity which two thousand years of philosophy hace succeded only in further confounding. The search for the “it” has lead farther and farther away from anything that common sense could call reality. The “it” of scholasticism is a mythological substance in which anything attested by the senses or testable by science inheres a mere accident — its existence is a matter of faith. The “it” of rationalism is unrealistically schizophrenic, because it is uncompromising in its duality — extended substance and thinking substance. The “it” of empiricism is unrealistically insubstancial and ephemeral at the same time — esse est percipi is by no means the veredict of any experiencing human being.

    The “it” of Kant is the trascendental “thing-in-itself” — an untestable inference, an intelectual gewgaw. As to the “it” of science and technology in the twentieth century world of conspicuous consumption… “it” seems to be no more than the collection of the epiphenomena which marks “it” as consumer or consumed. In this way hardhead materialism seems to make “it” as insubstantial as subjective idealism made it at the turn of the seventeenth century. And this, the very latest, the most down-to-earth, interpretation of “it” the authors explicily refute.

    Their “it” is notified precisely by its survival in a real world. You cannot find it by analysis, because its categories may all have changed since you last looked. There is no need to postulate a mystical something which ensures the preservation of identity despite appareances. The very continuation is “it”. At least, that is my understanding of the author’s thesis — and I note with some glee that this means that Bishop Berkeley got the precisely right argument precisely wrong. He contended that something not being observed goes out of existence. Autopoiesis say that something that exists may turn out to be unrecognizable when you next observe…

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    En mi libro Feels Theory, en su último capítulo, propongo interpretar una dinámica recursiva del raciocinio, donde la propia información que generamos se vuelven los datos que más tarde generarán nueva información. En ese contexto situé una teoría de la verdad en tanto que sentimiento, sensación, o bien “sentido“; y comparé a los sentidos humanos con aquellos componentes de la robótica que se utilizan para captar información del entorno. Allí también me animé a borrar un poco la línea entre lo que consideramos inteligencia o razón y aquello que hacen los animales, y hasta me animé a dejar tímidamente anotada a la voluntad como un límite para la infinita recursividad de nuestra sentimentalidad.

    Pero mi texto no es en absoluto exahustivo, sino más bien algo cercano al boceto. Yo no había leido nada similar a mis ideas por aquel entonces, y recién después de plasmarlas fue que comencé a buscar gente que caminara el mismo camino. Así me crucé con Humberto Maturana, que hoy cito nuevamente, explicando ideas y conceptos mucho más rigurosos que los míos, pero mediante los cuales por momentos parecieramos estar hablando de lo mismo:

    (…)

    The cognitive process

    (1) A cognitive system is a system whose organization defined a domain of interactions in which it can act with the relevance of the maintenance of itself, and the process of cognition is the actual (inductive) acting or behaving in this domain. Living systems are cognitive systems, and living as a process is a process of cognition. This statement is valid for all organisms, with and without a nervous system.

    (2) If a cognitive system enters into a cognitive interaction, its internal state is changed in a manner of relevant to its maintenance, and it enters into a new interaction without loss of its identity. In an organism without a nervous system (or its functional equivalent) interactions are of a chemical or physical nature (a molecule is absorbed, and an enzimatic process is initiated; a photon is captured and a step in photosyntesis is carried out). For such and organism the relations holding between the physical events remain outside its domain of interactions. The nervous system enlarges the domain of interactions of the organism by making its internal states also modifiable in a relevan manner by “pure relations”, not only by physical events; the observer sees that the sensors of an animal (say, a cat)…

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